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Catastrofe en Sant Llorenç des cardessar | El papel del Psicólogo de Emergencias

Una reflexión tras la tormenta

Nunca estamos preparados para una desgracia, una que ponga patas arriba nuestra vida, y mucho menos si esto afecta a nuestro lugar de seguridad, nuestra casa. Eso es lo que pasó hace poco más de quince días en un pueblecito de Mallorca, Sant Llorenç… De repente, una tormenta cualquiera, una tormenta de otoño más, se convierte en un fenómeno, que según los expertos, por estadística sólo ocurre una vez cada mil años. Un fenómeno que desborda un torrente convirtiéndolo en unos pocos minutos y según los afectados, en un "Tsunami con olas de 5 metros", que inunda varias calles y entra con gran violencia y sin control en las casas. En esas casas, donde nunca te esperas que pase nada, en tu “lugar de mayor seguridad en el mundo”, llevando a algunas personas a vivir situaciones donde su vida corrió verdadero peligro, donde se las tienen que ingeniar para poner a salvo a niños y a ancianos en cuestión de pocos minutos.

San Llorenç, intervención de los psicólogos de emergencias ante una catástrofe natural

El soporte social, el control interno y la percepción de amenaza aún estando fuera de peligro, serán los factores que modulen el impacto de la exposición a un incidente crítico.

Ha habido muertos, personas que no pudieron escapar a tiempo o simplemente, no encontraron una salida o un lugar donde guarecerse, ni un sitio alto al que subirse. El agua llegó a subir 2-3 metros dentro de las casas, y el único lugar seguro fue el piso de arriba, en aquellas casas que lo tenían, y en las que no, subirse a cualquier lugar alto que les permitiera mantener la cabeza fuera del agua. Seguir viviendo… seguir respirando…

¿Y después del desastre? Después de varias horas de agua y angustia, de ver como arrastra coches, inunda garajes, arranca puertas y se lleva paredes, de ver como se lleva las pertenencias de una vida, después de salvar la vida… ¿qué queda? Barro, eso es seguro, toneladas de barro... y muchas horas de trabajo antes de poder volver a llamar a su casa, hogar.

Han perdido recuerdos familiares, fotos, muebles, ropa e incluso vecinos… y ¿después? ¿Qué queda después? Dolor, tristeza por lo perdido, ansiedad por lo vivido, y una ira infinita por la injusticia, por el ¿“por qué a nosotros”?. Toda una población afectada.

Lo que suele suceder en una catástrofe de estas dimensiones es que nadie está preparado para vivirla. No estamos preparad@s para que "nuestro mundo se vuelva del revés". Y es entonces, tras la catástrofe, cuando surgen los síntomas de estrés físico o psicológico. Puede ocurrirle a cualquiera, la situación sobrepasa tu capacidad para hacerle frente. En estas circunstancias, lo que tenemos son respuestas normales a situaciones anormales.

Las víctimas pueden experimentar conductas de dolor muy diversas. Al principio se da una sobreactivación inicial como respuesta adaptativa para intentar hacer frente a la catástrofe. Las respuestas psicológicas pueden ser muy intensas a corto plazo, pero deberían remitir con el tiempo. El problema es cuando los síntomas en lugar de remitir, se cronifican. Las víctimas en estos casos pueden experimentar sentimientos de vacío o de desamparo ante el futuro y tener la firme convicción de que ya nada será igual.

Es cuando se pone en marcha la labor del psicólogo de emergencias.

En estas situaciones, la figura del psicólogo de emergencias es poco conocida, pero necesaria. Nuestro principal cometido es ayudar a normalizar las reacciones emocionales proporcionando primeros auxilios psicológicos, destinados a prevenir que la situación actual derive en problemas psicológicos en el futuro.

Nuestras funciones principales son:

  • Ayudar a encontrar respuestas y a restablecer una vida normal después de la situación traumática vivida.
  • Proporcionar información para que las víctimas puedan manejar sus reacciones emocionales, y normalizar la situación.
  • Prevenir o mitigar la aparición de estrés postraumático u otras manifestaciones psicopatológicas.

Si bien tras una catástrofe de este tipo, casi cualquier reacción es considerada normal frente a un suceso inesperado, existen un conjunto de reacciones más comunes, pudiendo agruparse en tres conjuntos:

  1. Hiperexcitación: irritabilidad, ansiedad, agitación, hiperalerta, insomnio, falta de concentración, ira, aumento de la frecuencia cardíaca y presión arterial.
  2. Memorias recurrentes: recuerdos intrusivos, pesadillas, flashbacks.
  3. Evitación: lugares, situaciones, embotamiento, anestesia emocional

La gran mayoría de las personas, si reciben la ayuda adecuada en el primer momento, logran volver a su vida cotidiana con normalidad, sin experimentar problemas psicológicos derivados.

En Mallorca desde hace varios años existe el grupo de intervención psicológica en emergencias de las Islas Baleares, el GIPEC-IB, del cual formo parte.

A nivel coloquial se dice que el tiempo lo cura todo, en psicología sabemos que lo que cura no es el tiempo, sino lo que hacemos durante ese tiempo. Aportar las pautas necesarias y validas en el momento oportuno, puede marcar la diferencia entre el desarrollo o no de una patología mental derivada de la catastrofe.

A partir de ahora, sólo nos queda trabajar codo con codo con todas esas personas implicadas para la recuperación lo más temprana posible de Sant LLorenç des Cardessar, ese pequeño pueblo de Mallorca, pero que ha demostrado tener un alma inmensa.

San Llorenç, som una familia

Con todo mi cariño, a ellos va dedicado este artículo. Por abrirme la puerta de sus casas, y las de sus corazones.

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